Durante mucho tiempo, la historia de los bares se contó como si detrás de cada gran cóctel hubiera siempre un hombre con chaleco, bigote y coctelera de plata. Pero hay una excepción que rompe esa imagen desde el primer sorbo: Ada Coleman, una mujer que no solo llegó a dirigir una de las barras más importantes de Londres, sino que creó un cóctel que todavía se sirve más de un siglo después.
Su nombre quizá no suena tanto como el de otros bartenders famosos, pero debería. Porque Ada, conocida por sus clientes como “Coley”, no fue simplemente una mujer sirviendo bebidas en una época difícil para las mujeres. Fue una profesional respetada, admirada por artistas, escritores, actores y miembros de la alta sociedad. Y, sobre todo, fue una pionera.
Aquí hay algo que debemos aclarar sobre el título y es algo que pudimos corroborar con la gente de Tragos Copas: muchas veces se la presenta como “la primera bartender mujer” o "la primera barwoman". Para ser exactos, ya existían mujeres trabajando como camareras de bar o barmaids antes que ella. Pero Ada Coleman sí fue una de las primeras mujeres en alcanzar fama internacional detrás de una barra, y fue la primera mujer jefa de barra del American Bar del Hotel Savoy, uno de los templos mundiales de la coctelería. El Savoy la registra como jefa de barra entre 1903 y 1924, y su famoso Hanky Panky fue creado para el actor Charles Hawtrey.
Una joven que llegó al bar casi por casualidad
Ada Coleman nació en Inglaterra en 1875. Su entrada en el mundo hotelero no fue fruto de un gran plan profesional, sino de una circunstancia familiar. Tras la muerte de su padre, consiguió trabajo gracias a Rupert D’Oyly Carte, empresario relacionado con el mundo del teatro y dueño de hoteles de lujo.
Primero trabajó en Claridge’s, otro hotel importante de Londres. Allí empezó en tareas sencillas, lejos de la fama que tendría después. Pero poco a poco se acercó al bar, un espacio que en esa época estaba cargado de códigos masculinos. Las mujeres podían servir, sí, pero dirigir, inventar y convertirse en referencia era otra cosa.
Según los relatos que se conservan, su primer gran aprendizaje llegó cuando tuvo que preparar un Manhattan. No era una bebida cualquiera: era un cóctel con técnica, equilibrio y carácter. Ada aprendió rápido. Y eso fue lo que cambió su vida.
El American Bar del Savoy: un escenario de lujo
A comienzos del siglo XX, el American Bar del Hotel Savoy era mucho más que un bar. Era un lugar de encuentro para gente famosa, rica, excéntrica y poderosa. Londres vivía fascinada por los cócteles “a la americana”, y el Savoy era uno de los sitios donde esa moda se volvía elegante.
Ada Coleman llegó allí y terminó convirtiéndose en jefa de barra. Eso, para una mujer de su época, era casi impensable. No solo tenía que saber preparar bebidas. Tenía que dominar el trato con clientes exigentes, recordar gustos, sostener conversaciones, moverse con seguridad en un ambiente de lujo y ganarse el respeto de compañeros y visitantes.
Y lo hizo. Ada no era una figura decorativa detrás de la barra. Era la anfitriona del lugar. Tenía humor, energía y una manera de atender que hacía que los clientes volvieran. Entre las personas que se mencionan como parte de su clientela aparecen nombres como Mark Twain, Charlie Chaplin, Marlene Dietrich y el Príncipe de Gales, lo que muestra el tipo de mundo en el que se movía.
“Coley”: una bartender con personalidad propia
El apodo “Coley” dice mucho. No todos los clientes llaman por un apodo cariñoso a quien les sirve una bebida. Eso sucede cuando hay confianza, memoria y afecto. Ada Coleman no solo preparaba cócteles: creaba una experiencia.
En una época en la que las mujeres eran juzgadas con dureza si ocupaban espacios públicos de trabajo, ella logró algo complicado: ser aceptada sin dejar de ser ella misma. No se escondió detrás de una actitud fría ni intentó copiar el estilo masculino de la barra. Su fuerza estaba en combinar técnica, carácter y calidez.
Esa mezcla fue clave. Porque la coctelería no es solo alcohol y medidas. Un buen bartender escucha, observa, interpreta. Sabe cuándo hablar y cuándo callar. Sabe si un cliente quiere celebrar, olvidar, descansar o simplemente sentirse visto durante unos minutos. Ada entendía eso muy bien.
El nacimiento del Hanky Panky
La gran creación de Ada Coleman fue el Hanky Panky, un cóctel hecho con ginebra, vermut dulce y Fernet-Branca. Hoy puede parecer una receta sencilla, pero su fuerza está en el equilibrio: tiene dulzor, amargor, aroma herbal y un golpe final que no pasa desapercibido.
La historia del cóctel es casi teatral. El actor Charles Hawtrey, agotado por el trabajo, le pidió a Ada algo “con un poco de fuerza”. Ella no improvisó cualquier cosa. Pasó tiempo experimentando hasta dar con una bebida que tuviera ese efecto especial. Cuando Hawtrey la probó, exclamó que aquello era “hanky-panky”, una expresión que en ese contexto podía entenderse como algo parecido a magia o truco encantador.
El nombre quedó para siempre. El Hanky Panky apareció luego en The Savoy Cocktail Book, publicado por Harry Craddock, sucesor de Coleman en el Savoy. De hecho, es el único cóctel de Ada incluido allí, lo que ayudó a conservar su nombre dentro de la historia clásica de la coctelería.
¿Por qué el Hanky Panky fue tan importante?
El Hanky Panky no fue importante solo porque estuviera rico. Fue importante porque dejó una huella firmada por una mujer en un mundo donde casi todas las firmas visibles eran masculinas.
Durante décadas, la historia de los cócteles clásicos estuvo dominada por nombres de hombres. Ada Coleman demuestra que las mujeres también estaban creando, innovando y dirigiendo, aunque muchas veces no recibieran el mismo espacio en los libros.
Además, el cóctel tiene algo muy moderno: no busca ser dulce y fácil para gustar a todos. Tiene personalidad. El Fernet-Branca le da un borde amargo, adulto, casi medicinal. Es una bebida con carácter, como su creadora.
La Oxford Companion to Spirits and Cocktails describe el Hanky Panky como el primer cóctel canónico atribuido de forma definitiva a una bartender mujer. Ese detalle resume muy bien su valor histórico.
Una salida elegante, pero con preguntas incómodas
Ada Coleman trabajó durante más de dos décadas en el American Bar. Sin embargo, su salida no está del todo libre de sospechas. A mediados de los años veinte, el bar cerró por reformas y se anunció su retiro junto con el de otra mujer que también trabajaba allí, Ruth Burgess. Después, Harry Craddock tomó mayor protagonismo.
Algunos historiadores de la coctelería han sugerido que la salida de Ada pudo estar relacionada con el deseo de dar al bar una imagen más masculina o más cercana a lo que esperaban ciertos clientes extranjeros. No se puede afirmar con total certeza, pero el contexto permite hacerse preguntas. En cualquier caso, Coleman dejó la barra tras una carrera larguísima y muy admirada.
Lo duro es que, como pasó con tantas mujeres importantes, su nombre quedó durante años en segundo plano. El cóctel sobrevivió mejor que su historia. La gente pedía Hanky Panky sin saber siempre quién lo había inventado.
Ada Coleman y el lugar de las mujeres en la historia
La historia de Ada Coleman importa porque no habla solo de bebidas. Habla de talento femenino en espacios donde a las mujeres se les permitió entrar, pero no siempre brillar.
Ada no fue una anécdota simpática. Fue una profesional de primer nivel. Dirigió una barra legendaria, atendió a celebridades, creó un clásico y dejó una marca que todavía se estudia. Su vida nos recuerda que muchas mujeres no necesitaron permiso para ser importantes; simplemente hicieron su trabajo tan bien que la historia, tarde o temprano, tuvo que volver a mirarlas.
Hoy hay muchas bartenders, mixólogas, sommeliers y empresarias del mundo de la bebida que ocupan lugares de liderazgo. Ese camino no empezó de la nada. Mujeres como Ada Coleman lo hicieron posible mucho antes de que la industria estuviera preparada para reconocerlo.
El legado de Ada Coleman
Ada Coleman murió en 1966, a los 91 años. No llegó a ver por completo el renacimiento moderno de la coctelería, ese movimiento que convirtió a los bartenders en figuras casi artísticas. Pero su nombre volvió con fuerza gracias al interés por recuperar historias olvidadas.
Cada vez que alguien prepara un Hanky Panky, aunque no lo sepa, está repitiendo un gesto nacido en el Savoy hace más de cien años. Una mezcla de ginebra, vermut y Fernet-Branca que guarda dentro una pequeña revolución.
Ada Coleman no fue solo “una mujer en una barra”. Fue una creadora, una anfitriona y una pionera. En una época en la que muchos esperaban que las mujeres ocuparan lugares discretos, ella se puso detrás de una de las barras más famosas del mundo y dejó claro que el talento no tiene género.
Y quizá esa sea la mejor forma de recordarla: no como una curiosidad del Mes de la Mujer, sino como lo que fue. Una figura clave de la historia de la coctelería y una mujer importante de la historia.



