Una mujer con una camisa blanca, una guitarra acústica y la mirada casi siempre dirigida al suelo comenzó a cantar Over the Rainbow ante un pequeño público de Washington. La grabación se hizo con una cámara doméstica y nadie imaginó que aquellas imágenes terminarían recorriendo el mundo.
Tampoco Eva Cassidy pudo imaginarlo.
Cuando millones de personas descubrieron su voz y su disco alcanzó el número uno, ella llevaba más de cuatro años muerta. Tenía apenas 33 años cuando un cáncer terminó con su vida. Como ocurrió con otras mujeres olvidadas que cambiaron la historia, el reconocimiento llegó demasiado tarde.
Eva no murió completamente desconocida, pero sí sin saber que se convertiría en una de las voces más admiradas de su generación.
¿Quién fue Eva Cassidy?
Eva Marie Cassidy nació el 2 de febrero de 1963 en Washington D. C., Estados Unidos. Creció primero en Oxon Hill y más tarde en Bowie, una ciudad del estado de Maryland.
La música y el arte estuvieron presentes desde su infancia. Su padre, Hugh Cassidy, era profesor, escultor y músico, mientras que su madre, Barbara, trabajaba con plantas y sentía un profundo amor por la naturaleza. En aquel ambiente creativo, Eva comenzó a cantar antes de comprender que su voz tenía algo fuera de lo común.
A los nueve años aprendió a tocar la guitarra con la ayuda de su padre. Poco después ya cantaba en reuniones familiares y participaba en pequeños grupos musicales. Sin embargo, enfrentarse al público nunca fue sencillo para ella. Eva podía interpretar una canción con una intensidad capaz de detener una conversación, pero fuera del escenario era extremadamente reservada.
Su vida cotidiana se encontraba muy lejos del lujo asociado con las grandes estrellas. Durante años trabajó cuidando plantas en un vivero de Maryland. También pintó muebles, creó murales, hizo dibujos, diseñó joyas y experimentó con la escultura.
Entre 1981 y 1995, el vivero fue su principal fuente de ingresos, incluso cuando ya comenzaba a llamar la atención dentro de la escena musical de Washington. Su faceta como pintora y artesana también permite incluirla entre aquellas mujeres del mundo del arte que fueron olvidadas, ya que el éxito póstumo de su música dejó en segundo plano buena parte de su obra visual.
Para ella, estas actividades no eran simples trabajos temporales. Eva sentía una conexión especial con las plantas, los animales, los bosques y los objetos hechos a mano. No soñaba obsesivamente con aparecer en televisión. Quería crear y, si era posible, ganarse la vida cantando sin convertirse en una persona que no reconociera.
La voz que sorprendió a Chris Biondo
A mediados de los años ochenta, Eva entró en un estudio para grabar coros en una maqueta. Allí conoció al bajista y productor Chris Biondo.
Biondo quedó impresionado desde la primera vez que la escuchó. Aquella joven pequeña y tímida poseía una voz poderosa, precisa y cargada de emoción. Podía pasar de una nota delicada a una interpretación llena de fuerza sin que pareciera un esfuerzo.
El productor comenzó a grabar algunas demostraciones con ella y la animó a ocupar el lugar de cantante principal. Eva, sin embargo, dudaba de su propio talento. Biondo recordaría años después que ella se conformaba con la idea de hacer coros para Stevie Wonder. Ni siquiera estaba segura de merecer una carrera como solista.
Con el tiempo formaron la Eva Cassidy Band y comenzaron a actuar en pequeños locales de Washington. Su miedo escénico continuaba siendo evidente. A veces apenas miraba al público y podía pasar buena parte del concierto concentrada en el suelo o en su guitarra.
Pero cuando comenzaba a cantar, el ambiente cambiaba.
Eva no necesitaba grandes movimientos, luces espectaculares ni una personalidad fabricada. Su manera de interpretar una canción hacía que las personas guardaran silencio y prestaran atención a cada palabra.
Su encuentro con Chuck Brown
En 1992, Chris Biondo mostró las grabaciones de Eva a Chuck Brown, reconocido como una de las grandes figuras del go-go, un género musical estrechamente relacionado con Washington.
Brown se sorprendió al descubrir que aquella voz que parecía proceder de una experimentada cantante de soul pertenecía a una joven blanca, rubia y muy tímida. Decidió trabajar con ella y juntos grabaron The Other Side, un álbum compuesto por duetos y versiones de canciones clásicas.
La colaboración ayudó a que Eva ganara confianza y fuera conocida por un público más amplio dentro de la ciudad. También obtuvo varios premios de la Asociación de Música del Área de Washington, conocidos como Wammies.
Por lo tanto, decir que Eva Cassidy murió en un anonimato absoluto no sería exacto. Tenía seguidores, era respetada por otros músicos y había recibido reconocimientos locales. El problema era que, fuera de Washington, casi nadie conocía su nombre.
Una cantante imposible de encerrar en un solo género
La industria discográfica sí llegó a interesarse por Eva Cassidy. Sin embargo, los ejecutivos encontraban un problema que hoy resulta difícil de comprender: no sabían cómo venderla.
Eva podía cantar jazz, folk, góspel, blues, pop, soul y rhythm and blues. Una noche interpretaba una canción relacionada con Billie Holiday; al día siguiente convertía un tema de Sting en una balada íntima. También podía cantar una pieza tradicional o llevar Over the Rainbow hacia un territorio completamente personal.
Las compañías querían una respuesta sencilla: ¿qué clase de cantante era Eva Cassidy?
Ella no podía elegir una sola categoría porque su identidad musical dependía precisamente de esa variedad. No estaba dispuesta a abandonar las canciones que amaba para encajar en una etiqueta comercial.
Su historia recuerda a la de otras artistas que desafiaron las reglas de la industria, como Janis Joplin, la mujer que rompió las normas del rock. Aunque sus estilos y personalidades fueron muy diferentes, ambas demostraron que una cantante no tiene por qué adaptarse al molde que otros prepararon para ella.
Bruce Lundvall, entonces responsable de Blue Note Records, quedó fascinado después de escuchar a Eva cantar Amazing Grace a capela. Años más tarde reconocería que había cometido un grave error al no impulsar una carrera para ella.
Eva tenía una voz extraordinaria, pero la industria no encontró la manera de presentarla al mercado mientras estaba viva.
La noche de Blues Alley que cambió su destino
Ante la falta de un contrato importante, Eva, sus músicos y las personas que creían en ella decidieron producir un álbum por sus propios medios. En enero de 1996 alquilaron Blues Alley, uno de los clubes de jazz más conocidos de Washington, para grabar dos noches de actuaciones.
La primera grabación se perdió debido a problemas técnicos. Durante la segunda noche, Eva estaba resfriada y sentía que no podía cantar con toda su capacidad. Cuando escuchó las cintas, quiso descartar el proyecto porque se concentró en cada pequeña imperfección.
Chris Biondo y su representante, Al Dale, lograron convencerla de que continuara. De aquellas sesiones nació Live at Blues Alley, el único álbum como solista que Eva Cassidy pudo ver publicado durante su vida.
Una de las personas presentes grabó parte del concierto con una videocámara. Era un registro sencillo, con una imagen algo inestable y sin una producción profesional. Aquel video parecía destinado a permanecer como un recuerdo privado.
Sin embargo, contenía la interpretación que años después cambiaría todo: Over the Rainbow.
El dolor que reveló una enfermedad mortal
En julio de 1996, Eva comenzó a sentir un fuerte dolor en la cadera. Pensó que podía haberse lastimado mientras pintaba murales o permanecía durante demasiado tiempo sobre una escalera.
Los estudios mostraron una fractura y una realidad mucho más grave. En 1993 le habían retirado un lunar maligno de la espalda, pero el melanoma no había desaparecido por completo. El cáncer se había extendido silenciosamente a sus huesos y pulmones.
Los médicos calcularon que le quedaban entre tres y cinco meses de vida.
Eva se sometió a tratamientos agresivos, pero su salud empeoró rápidamente. Perdió el cabello y llegó un momento en el que ya no podía caminar sin ayuda.
El 17 de septiembre de 1996, sus amigos organizaron un concierto en su honor en el club The Bayou. Eva llegó al escenario apoyándose en un andador. A pesar de su debilidad, cantó frente a su familia, sus amigos y quienes habían seguido su carrera local.
Su última interpretación pública fue What a Wonderful World.
Menos de dos meses después, el 2 de noviembre de 1996, Eva Cassidy murió en la casa de su familia en Bowie. Tenía 33 años.
El mundo descubre a Eva Cassidy después de su muerte
Durante un tiempo, nada extraordinario ocurrió. Sus discos circularon entre un público pequeño y muchas de sus grabaciones permanecieron guardadas.
La cantante Grace Griffith había entregado una cinta de Eva a Bill Straw, fundador del sello independiente Blix Street Records. Straw quedó impresionado y comenzó a trabajar con la familia Cassidy para reunir varias canciones.
En 1998 se publicó Songbird, una recopilación que incluía Fields of Gold, Songbird, People Get Ready y Over the Rainbow.
El disco tuvo un comienzo lento. Su destino cambió cuando diferentes presentadores de BBC Radio 2 comenzaron a reproducir las canciones de Eva. Terry Wogan, una de las figuras más populares de la radio británica, difundió su versión de Over the Rainbow y la respuesta del público fue enorme.
A finales de 2000, el programa televisivo Top of the Pops 2 mostró la grabación doméstica realizada en Blues Alley. Los espectadores comenzaron a llamar para saber quién era aquella mujer. El video volvió a emitirse en enero de 2001 y las ventas del álbum aumentaron de manera sorprendente.
El 18 de marzo de 2001, más de cuatro años después de la muerte de Eva, Songbird llegó al número uno de la lista británica de álbumes. Permaneció dos semanas en esa posición y terminó vendiendo millones de copias.
Eva Cassidy se había convertido en una estrella internacional sin llegar a saberlo.
¿Por qué la historia de Eva Cassidy sigue emocionando?
La fama póstuma no explica por sí sola el impacto de Eva. Su enfermedad y su muerte temprana aportan una dimensión dolorosa, pero las personas continúan escuchándola porque sus interpretaciones no parecen haber envejecido.
Eva tomaba canciones conocidas y conseguía que sonaran como confesiones personales. No intentaba demostrar cuánto podía cantar. Usaba su técnica para transmitir tristeza, ternura, esperanza o serenidad. Por eso una canción escuchada cientos de veces podía parecer completamente nueva en su voz.
Su historia también muestra las limitaciones de una industria que necesitaba clasificar a cada artista antes de ofrecerle una oportunidad. Eva no fue ignorada por falta de talento. Fue difícil de promocionar porque no deseaba reducir su identidad a un único estilo.
Tampoco fue una mujer que rechazara por completo el éxito. Quería vivir de la música y trabajó para conseguirlo. Lo que no aceptaba era abandonar una parte esencial de sí misma para resultar más fácil de vender.
Recuperar su trayectoria forma parte de la tarea de reescribir la historia de las mujeres olvidadas. No se trata únicamente de recordar sus nombres, sino de entender por qué su talento fue ignorado, limitado o reconocido demasiado tarde.
Eva Cassidy cantó jazz, folk, góspel, blues y pop sin pedir permiso. El mundo tardó demasiado en comprenderla, pero cuando finalmente escuchó su voz, ya no pudo olvidarla.





